La pissarra

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diumenge, 8 de setembre de 2013

Padres deportivos: la diferencia entre sentirse importante y sentirse único



Muy a menudo nos orgullecemos de aquel jugador/a que hemos entrenado durante algunas temporadas y que consigue lograr llegar a jugar en primera división, a ser convocado en su selección, consigue un título deportivo importante o simplemente consigue ser profesional. Somos conscientes que formamos parte de ese éxito, que hemos sido importantes en conseguir ese logro y nos involucramos como si fuera nuestro propio éxito.
El orgullo, la autoestima, la empatía y la complicidad son sentimientos inherentes a la especie humana y florecen constantemente sin poder controlarlos en muchas ocasiones. Hemos compartido entrenamientos y competiciones, victorias y derrotas y risas y llantos con este jugador/a y esto hace considerarnos "padres deportivos" de este individuo.
Creo que estas sensaciones son inevitables y al mismo tiempo son agradables y positivas, siempre y cuando tengamos en cuenta la perspectiva de toda la carrera deportiva del jugador/a. Qué quiero decir con esto? Que caemos en un gravísimo error considerarnos los únicos responsables de los éxitos del jugador/a.

Entre los pedagogos, filósofos y psicólogos se acostumbra a decir que la persona es solo la suma de todas sus experiencias, que el aprendizaje es el listado de todos los conocimientos adquiridos en todas los ámbitos de la vida y eso significa que la consecución de metas es imposible que se logre desde una sola fuente de información y de formación.
El jugador/a llega a ser lo que es gracias a todos, absolutamente todos sus entrenadores, profesores y experiencias lúdico-deportivas. Cada sensación vivida, cada aprendizaje adquirido, cada error, cada acierto calan a nivel cognitivo y motriz, formando poco a poco lo que en un futuro va a ser ese jugador/a campeón del mundo o pichichi de primera. Las experiencias no enseñan sin ser reflexionadas, cada relfexión inducida por distintos focos es el origen de la evolución.
Es evidente que hay entrenadores que nos marcan más, que nos han enseñado mejor o que nos han ayudado mejor a llegar donde hemos llegado. Seguramente su forma de ser, su comunicación, sus ejercicios, sus relfexiones nos han marcado mucho más que los otros y por eso consideramos que nos ha potenciado más nuestras capacidades y habilidades. Esto está claro, cristalino, pero no debemos confundir ser importante con ser único.
Basta ya de creernos los únicos responsables de lo que consigue un jugador/a. Abrid la mente, considerad y respetad la tarea desarrollada por todos los profesionales que han formado al jugador/a, desde el maestro y profesor de educación física que lo ha ayudado a desarrollar su motricidad y coordinación, pasando por los entrenadores de base que han contribuido a superar y adquirir los elementos técnicos hasta llegar al entrenador o entrenadores que lo han fundamentado de táctica y estrategia.
No pretendo dar ninguna lección a nadie, solo hacer una relfexión de nuestros egos como entrenadores, y considerarnos como uno de los muchos padres deportivos del jugador/a.
Gerard Artigas torrent
@Gerard_Artigas

1 comentari:

  1. Estimado Gerard, es inevitable tener esa sensación de crear a "imagen y semejanza". El vínculo con tus jugadores pasa de ser de un conocido a un amigo y suele terminar en casi familia...pero es lo bonito de la mayoría de deportes...el jugador gana disciplina, técnica, táctica y el entrenador adopta hijos/as...Yo soy uno de esos "hijos" que tras 12 años en el club, se hace grande y empieza a tener a sus propios "pupilos". En mi caso, nunca dejaré de reconocer a quien me dió la vida en el Fútbol Sala porque ahora, y con mi toque personal, me emociona poder dar forma a los jovenes de mi club. Gran artículo. Un saludo, Pablo Gómez.

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