La pissarra

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dilluns, 23 de setembre de 2013

La intensidad

Con mucha frecuencia escuchamos a los entrenadores de todos los deportes de equipo hablar de intensidad. La piden a sus jugadores, la incluyen cuando enumeran las virtudes de un equipo, mencionan su ausencia como argumentación cuando un resultado no ha sido bueno... Pero, ¿qué es exactamente la intensidad? Y más allá de eso, ¿cómo podemos trabajarla o conseguirla en un equipo?
 
 
 

El diccionario nos da dos definiciones de intensidad, que cito a continuación:
  • Grado de fuerza con que se manifiesta un fenómeno
  • Vehemencia de los estados de ánimo
 
Son, por supuesto, definiciones generales, no aplicadas al deporte. Me gusta sobre todo la segunda, porque utiliza la palabra vehemencia, que creo que refleja con bastante fidelidad lo que la intensidad puede significar en el deporte, y porque aludo al estado de ánimo, algo que considero clave para conseguir tener la preciada intensidad de la que hablamos.
A mis jugadoras me gusta decirles que la intensidad es algo que afecta a todas las acciones del juego. A veces, casi de manera inconsciente, asociamos la intensidad a las acciones defensivas, pero yo considero que cualquier acción del juego (un pase, una conducción, un tiro a puerta, y por supuesto, una presión al balón, un balón dividido, etc) tiene considerablemente mayores probabilidades de éxito si es ejecutada con una intensidad adecuada.
La intensidad es una característica que amplifica todas las restantes virtudes que un jugador o un equipo pueden tener. Todo, la técnica, la táctica, las cualidades físicas… luce más si tenemos una intensidad alta. Y una intensidad alta puede también camuflar muchas carencias. Es, en definitiva, una cualidad necesaria, y a veces suficiente, para un rendimiento deportivo acorde a lo que se espera de un equipo.
 
¿Cómo podemos conseguir la intensidad? Probablemente no vamos a tener éxito si intentamos pedir intensidad en momentos puntuales o de manera aislada. Considero que la intensidad es un hábito, una forma de pensar, actuar y hacer las cosas en un entrenamiento o partido, o mejor dicho, en todos los entrenamientos y partidos. Es casi una cultura de equipo, que se alimenta y se fortalece en el día a día. Todos los días son importantes, y cualquier día en que no tengamos esa intensidad puede ser contraproducente para el futuro (excepción hecha, claro está, de por ejemplo entrenamientos en el que los objetivos sean distintos por tratarse de días especiales). Los entrenadores, tenemos a nuestro alcance ciertas herramientas:
  • Nuestra propia actitud y manera de hacer las cosas, con la que conseguimos trasmitir más de lo que en muchas ocasiones tenemos presente
  • El nivel de exigencia de las tareas que proponemos (ritmo, descansos, etc)
  • Y por supuesto, nuestra voz y nuestra dialéctica, con las que podemos motivar, incentivar, exigir, y también, por qué no (muchas veces funciona) picar a los jugadores para que saquen su máximo en cada tarea, en cada movimiento, en cada acción.
 
Querría señalar, por último, que debemos tener en cuenta que una intensidad excesiva puede por supuesto llegar a ser perjudicial para un equipo, en la medida en que ese exceso podría llevar a circunstancias tales como la precipitación, la excesiva prisa por conseguir un objetivo de juego (por ejemplo, llegar a la portería rival), la ejecución incorrecta de determinados gestos técnicos, el cometer un número excesivo de faltas, etc
 
Es solo una reflexión sobre un tema tremendamente subjetivo, además de muy difícil de medir.
 
 
Sergio Gonzalo
 
 
Página web de Sergio Gonzalo WWW.sergiogonzalo.com
 
 

diumenge, 8 de setembre de 2013

Padres deportivos: la diferencia entre sentirse importante y sentirse único



Muy a menudo nos orgullecemos de aquel jugador/a que hemos entrenado durante algunas temporadas y que consigue lograr llegar a jugar en primera división, a ser convocado en su selección, consigue un título deportivo importante o simplemente consigue ser profesional. Somos conscientes que formamos parte de ese éxito, que hemos sido importantes en conseguir ese logro y nos involucramos como si fuera nuestro propio éxito.
El orgullo, la autoestima, la empatía y la complicidad son sentimientos inherentes a la especie humana y florecen constantemente sin poder controlarlos en muchas ocasiones. Hemos compartido entrenamientos y competiciones, victorias y derrotas y risas y llantos con este jugador/a y esto hace considerarnos "padres deportivos" de este individuo.
Creo que estas sensaciones son inevitables y al mismo tiempo son agradables y positivas, siempre y cuando tengamos en cuenta la perspectiva de toda la carrera deportiva del jugador/a. Qué quiero decir con esto? Que caemos en un gravísimo error considerarnos los únicos responsables de los éxitos del jugador/a.

Entre los pedagogos, filósofos y psicólogos se acostumbra a decir que la persona es solo la suma de todas sus experiencias, que el aprendizaje es el listado de todos los conocimientos adquiridos en todas los ámbitos de la vida y eso significa que la consecución de metas es imposible que se logre desde una sola fuente de información y de formación.
El jugador/a llega a ser lo que es gracias a todos, absolutamente todos sus entrenadores, profesores y experiencias lúdico-deportivas. Cada sensación vivida, cada aprendizaje adquirido, cada error, cada acierto calan a nivel cognitivo y motriz, formando poco a poco lo que en un futuro va a ser ese jugador/a campeón del mundo o pichichi de primera. Las experiencias no enseñan sin ser reflexionadas, cada relfexión inducida por distintos focos es el origen de la evolución.
Es evidente que hay entrenadores que nos marcan más, que nos han enseñado mejor o que nos han ayudado mejor a llegar donde hemos llegado. Seguramente su forma de ser, su comunicación, sus ejercicios, sus relfexiones nos han marcado mucho más que los otros y por eso consideramos que nos ha potenciado más nuestras capacidades y habilidades. Esto está claro, cristalino, pero no debemos confundir ser importante con ser único.
Basta ya de creernos los únicos responsables de lo que consigue un jugador/a. Abrid la mente, considerad y respetad la tarea desarrollada por todos los profesionales que han formado al jugador/a, desde el maestro y profesor de educación física que lo ha ayudado a desarrollar su motricidad y coordinación, pasando por los entrenadores de base que han contribuido a superar y adquirir los elementos técnicos hasta llegar al entrenador o entrenadores que lo han fundamentado de táctica y estrategia.
No pretendo dar ninguna lección a nadie, solo hacer una relfexión de nuestros egos como entrenadores, y considerarnos como uno de los muchos padres deportivos del jugador/a.
Gerard Artigas torrent
@Gerard_Artigas
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